El país tiene frecuente actividad sísmica, dada su naturaleza montañosa y volcánica.  Destaca el severo terremoto y tsunami de febrero de 2010 (27F) que afectó especialmente a cuatro Regiones.  Además del daño directo en salud (512 muertes y 16 desapariciones), hubo cambio de condiciones de vida y de saneamiento que implicaron riesgos importantes para la salud, con 800 mil personas damnificadas, problemas de vivienda, pobreza, saneamiento, salud mental y otros; 18 hospitales y centenas de centros ambulatorios de salud quedaron inutilizables.  Las condiciones de desarrollo del país y de la infraestructura antisísmica de viviendas y obras públicas, así como el grado de preparación nacional para desastres, evitaron consecuencias adversas aún mayores. (13)  Otra de las externalidades del último terremoto fue la reorganización de la Oficina Nacional de Emergencia del Ministerio del Interior (ONEMI), centrándose en el reforzamiento del Sistema de Emergencia y Alerta Temprana y en el fortalecimiento del Sistema de Protección Civil.

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