Chile ha alcanzado paulatinamente un avance en salud que es concordante con el desarrollo global del país. Ello se refleja en que: (a) se encuentra considerado por el PNUD en el grupo de países con muy alto desarrollo según el Índice de Desarrollo humano (ocupa lugar 40); Chile ha sido uno de los primeros países en la región de las Américas en cumplir anticipadamente la meta de varios de los Objetivos del Milenio (ODM) de las Naciones Unidas esperados lograr en 2015; (c) en 2010, Chile fue aceptado como país miembro de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico.

En consistencia con ese nivel, cuenta con un buen nivel de salud alcanzado – incluso mejor que otros países con similar desarrollo socioeconómico - se refleja en aspectos como el aumento de la expectativa de vida al nacer, reducción de eventos de salud altamente evitables como la mortalidad materna e infantil, y enfermedades transmisibles que son posibles de controlar con vacunas y medidas de saneamiento e higiene.

El país mantiene un sistema económico emergente, dinámico y estable, con política fiscal responsable. Cuenta con estabilidad política que facilita la seguridad y crecimiento económico. A pesar de su reconocida solidez y crecimiento, la economía chilena continúa siendo vulnerable a cambios y eventuales crisis internacionales. Las inversiones en comunicaciones y tecnología han contribuido a aumentar la capacidad productiva del país, el empleo, surgimiento económico y empleo de Regiones y algunas ciudades donde ha aumentado la producción y empleo. Sin embargo, el crecimiento no ha sido uniforme en el país sino que se ha acompañado de excesiva concentración del ingreso, baja tributación en desmedro de las funciones estatales que deben ser mantenidas esencialmente por fondos de impuestos, lo que es más crítico en el sector salud y educación.

El sistema político y económico, basado en un modelo neoliberal iniciado en los 80s, se ha mantenido sin cambios esenciales, por cuanto la Constitución y sistema político impide dichos cambios, aunque sean apoyados por la mayoría de la población y el parlamento. El sistema ha favorecido un importante crecimiento económico y del desarrollo humano en Chile, sin embargo existe gran desigualdad en ingresos y condiciones de vida de la población, con la riqueza concentrada en unos pocos. El Estado ha sido reducido en tamaño y rol, y su foco esencialmente reducido a un rol subsidiario sobre los más pobres y necesitados.

Muchos ámbitos del quehacer nacional, incluyendo aquellos que estaban bajo intervención y hasta propiedad estatal han sido, directa o indirectamente, privatizados y descentralizados.  El rol subsidiario del Estado lo mantiene enfocado en los más pobres y necesitados, donde un emergente estrato socioeconómico tiene menores posibilidades de apoyo en protección y asistencia social, en la medida que eso sea necesario.

Orientaciones bastante útiles para el progreso en el contexto global del país se pueden encontrar en las recomendaciones de organismos como la OECD (“Mejores políticas para el desarrollo: Perspectivas OCDE sobre Chile”, 2011) lo que aporta sugerencias específicas y concretas para continuar y fortalecer la economía chilena y el desarrollo global del país.

Es crucial tomar en debida cuenta y revisar el progreso alcanzado respecto al escenario futuro de MIDEPLAN, en 2009, sobre las tendencias más relevantes del desarrollo nacional que deben ser necesariamente enfrentadas: la concentración del poder económico, la inequidad distributiva y el requerido balance entre equidad y desarrollo; la globalización y apertura comercial, con el protagonismo de economías emergentes en Asia Pacífico; el balance entre el rol del Estado y del mercado frente a la transformación de la estructura productiva; el predominio de la vida urbana y el envejecimiento de la población; creciente demanda de energía y recursos hídricos, fuente de conflictos sociales; y la revolución tecnológica y de las comunicaciones.

Los Objetivos del Milenio de UN plantean objetivos de salud y desarrollo que Chile requeriría cumplir en 2015. Sin embargo ellos se concentran en superación de hambre, pobreza y factores relacionados en el mundo. Sin embargo, plantean un parámetro de referencia mínima para regiones y grupos con población desfavorecida y vulnerable.

El IDH internacional usado por PNUD, actualmente ajustado por desigualdad resulta ser un excelente referente para Chile, como enfoque de tendencia, comparación con otros países y por su sensibilidad de progreso en salud y desarrollo, así como en equidad.

El nivel medio alcanzado por países OECD, y sus principales indicadores de salud y desarrollo, también constituye un excelente referente de progreso de desarrollo y salud en el caso de Chile. En esta referencia, cobra particular relevancia mejorar el nivel de ingresos de la población (a nivel de los peores de OECD), y las condiciones del ambiente (ostensiblemente peor que el grupo de países OECD con peores condiciones ambientales).

Los objetivos institucionales y sanitarios planteados en la Estrategia Nacional de Salud para 2020 son un concreto referente de progreso. Siendo una propuesta técnico-normativa, cabría revisar o refinar lo esperado, pues no se acompaña de una planificación concreta para lograr una “inflexión” en las tendencias y proyecciones estimadas: cabe pasar de “estrategia” a “plan” concreto (con financiamiento, otros recursos y acciones que permitan , tanto a nivel nacional como en cada una de las regiones.

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